Alacrancito

Desde Colotlán, con cariño

Tres generaciones,
una sola receta.

Lo que hoy llega a tu mesa empezó como un secreto familiar guardado en un viejo molcajete. Esta es la historia de cómo Alacrancito nació, creció y se convirtió en sinónimo de sabor casero.

01

El abuelo y el molcajete

Todo comenzó en una cocina de tierra, donde el abuelo molía chiles secos en un molcajete heredado y los mezclaba con tomates de la milpa. No medía: lo hacía con las manos y con el olfato. Decía que "la salsa buena no se piensa, se siente."

Aquella primera salsa nunca tuvo nombre. Era simplemente "la del abuelo". Las visitas la pedían como tesoro y siempre se iban con un frasquito improvisado en la bolsa.

02

De la cocina al rancho

Cuando los hijos crecieron, la receta viajó con ellos. Cada quien le puso algo: un poco más de ajo, un toque de hierba, otro tipo de chile. Pero el alma —ese sabor a humo, sol y tradición— se mantuvo intacta.

En los días de fiesta, las botellas se llenaban a mano y se regalaban a los vecinos. Pronto, lo que era un gesto familiar se convirtió en un pequeño ritual del pueblo.

03

Nace Alacrancito

El nombre vino solo. En Colotlán, el alacrán es símbolo de bravura, de respeto y de la tierra brava. La salsa picaba con la misma elegancia: con carácter, sin lastimar. Así nació Alacrancito, una marca pequeña con un sabor enorme.

Hoy seguimos haciendo la salsa como el abuelo: en lotes pequeños, con chiles seleccionados a mano y sin un solo conservador. Cada botella lleva nuestra firma y nuestra historia.

Línea del tiempo

Una receta que no envejece.

Años 60

El primer molcajete

El abuelo prepara la receta original para su familia en una cocina rural de Colotlán.

Años 90

De boca en boca

La salsa se vuelve famosa en los rancheríos vecinos. Empiezan a llegar pedidos por encargo.

2018

Las primeras botellas

La familia decide embotellar la receta. Nace oficialmente la marca Alacrancito.

Hoy

En tu mesa

Producción artesanal, distribución regional y un sabor que conquista paladares más allá de Jalisco.

Lo que nos mueve

Tres valores, una promesa.

I.

Tradición

No reinventamos: respetamos. Cada paso del proceso honra la forma en la que el abuelo hacía la salsa. Lo nuevo aquí es muy viejo.

II.

Honestidad

Lo que ves en la etiqueta es lo que hay en la botella: chile, tomate, ajo, especias y sal. Nada más. Nada menos. Sin atajos.

III.

Familia

Detrás de cada botella hay manos que conocemos por nombre. Es un negocio familiar, y queremos que se sienta así en cada cucharada.

Prueba la historia.

Una sola cucharada y entenderás por qué tantos la llevan en el corazón.

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